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Adolfo López Mateos (26 de mayo de 1910 22 de septiembre de 1969), conocido también con sus iniciales ALM; fue un abogado y político mexicano que se desempeñó como el quincuagésimo séptimo Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, ejerciendo como tal durante el sexenio comprendido de los años 1958 a 1964, fecha en la que fue relevado por su amigo y secretario de Gobernación durante su administración, licenciado Gustavo Díaz Ordaz.

Nació en el seno de una familia de clase media, donde fue el menor de cinco hijos. Cuando muere su padre, Adolfo, madre y hermanos se mudan a la ciudad de México; ahí se cría y realiza todos sus estudios. López Mateos fue bibliotecario, orador, amante del box y practicante asiduo de la caminata en su juventud. Durante la campaña presidencial de Vasconcelos, el futuro presidente López Mateos puso a las órdenes del candidato sus cualidades oratorias. Tras la represión a partidarios vasconcelistas, se auto-exilia en Guatemala. A su regreso, comenzó a incursionar en la política. Se recibió de abogado en 1934 por la Universidad Nacional Autónoma de México. Fue profesor y director, entre 1944 y 1946, del lugar donde efectuó su secundaria y el bachillerato; y posteriormente Senador por el estado de México de 1946 a 1952. Asimismo, se le encomendaron diversas labores referidas a la educación y a la diplomacia en la década de 1940. Ocupó el puesto de secretario de Trabajo en la administración de Ruiz Cortines, ejerciéndose como tal de 1952 a 1957, fecha en la que se le designa candidato presidencial por el Partido Revolucionario Institucional. Triunfó en las elecciones sobre el candidato panista Luis H. Álvarez. López Mateos, al ser elegido gobernante de México en 1958, se convirtió en el segundo presidente nacido en el siglo XX y en el segundo en llegar a la presidencia a los 48 años de edad.

Durante su administración se dio la creación del ISSSTE y del Museo Nacional de Antropología, la nacionalización de la industria eléctrica, entre otros eventos de relevante importancia. Su gobierno se caracterizó por una política de equilibrio entre las fuerzas conservadoras y las procastristas, pero mantuvo una línea de equilibrio pese a los problemas que se suscitaron dentro de su política. Bohemio y sencillo, López Mateos se ha consagrado como uno de los presidentes del siglo XX más queridos por el pueblo y más carismático. Una fulminante enfermedad cerebral lo llevó a la tumba en 1969, a la prematura edad de 59 años, tras diez años de haber dejado de ocupar el cargo de presidente de México y después de haber permanecido en coma desde hacía dos.

 

Infancia y juventud

Adolfo López Mateos nació en el número 11 de la avenida Juárez en el pueblo de San Francisco Atizapán, hoy ciudad López Mateos, municipio de Atizapán de Zaragoza en el estado de México. Vino al mundo la tarde del domingo 26 de mayo de 1910, mientras sus padres se encontraban de vacaciones por el lugar. López Mateos fue el menor de los cinco hijos –Mariano José, Rafael, Esperanza y Elena– procreados por una joven pareja que se había unido en matrimonio en 1899; formada por el cirujano-dentista tlaltenanguense Mariano Gerardo López Sánchez y la inteligente profesora guerrerense Elena Mateos Vega, quien era además amante de la ópera y poetisa, llegando incluso a escribir un libro de poemas titulado Corazón de Cristal.

La familia materna de López Mateos descendía de una pléyade de liberales del siglo XIX; entre los que destaca el abuelo del futuro presidente, el magistrado e incanzable luchador liberal José Perfecto Mateos Lozada; el periodista Francisco Zarco, el escritor Juan A. Mateos y el gran liberal Ignacio Ramírez “el Nigromante”. Asimismo, la familia Mateos tiene parentesco con el cinefotógrafo y director de fotografía mexicano Gabriel Figueroa, quién fuera primo hermano de Adolfo. Lo que respecta a la vía paterna, López Mateos estaba vinculado con el poeta zacatecano Ramón López Velarde, por quién Adolfo siendo presidente manifestó siempre pública devoción; y con el Coronel José María Sánchez Román, tío del padre de López Mateos, quien fuera partícipe en la guerra de Reforma y quien militara al lado del general Jesús González Ortega. Además, Adolfo López Mateos tuvo por tío al aclamado oftalmólogo y cirujano Fernando López y Sánchez-Román, primer director del Hospital General de México y a quién se le considera como uno de los más grandes impulsores de la enfermería mexicana.

La tranquilidad familiar de los López Mateos se desintegra cuándo en 1915, Mariano Gerardo López, quién por esas fechas era el dentista del pequeño poblado de San Francisco Atizapán, muere. Desde instante, Elena Mateos viuda de López e hijos, se enfrentaron a una difícil situación económica. Desprovista de medios monetarios para la manutención de su familia, Elena Mateos emigró con sus cinco hijos a la ciudad de México, dónde se desempeñó como directora de un orfanato situado cerca de la Tlaxpana. Con el sueldo que obtenía de su empleo y con el apoyo económico que le proporcionaba su primogénito, la joven Elena Mateos pudo sacar adelante a sus hijos. Sin embargo, el peculio que poseía no era suficiente para pagar los estudios de todos sus vástagos. Por ello, Adolfo cursó la primaria en el Colegio Francés, dirigido por los Hermanos Maristas, a merced de una beca que le fue proporcionada por la Fundación Rafael Dondé. En ese tiempo, aunque estaba desprovista de medios económicos, Elena Mateos y sus hijos asistían puntualmente a la ópera.

En el Colegio Francés, Adolfo fue aplicado y siempre llevó una buena conducta. Ahí tuvo por maestro a Luis Donateur. Esa institución fue el escenario de sus primeros sueños, de sus inquietudes deportivas. Jugando fútbol y practicando el box con algunos de sus condiscípulos, López Mateos concluyó su educación primaria obteniendo buenas calificaciones. Amigo fiel y leal, amable y simpático; en el Colegio Francés hizo sus primeras amistades, muchas de las cuáles lo acompañaron siempre durante su ascendente carrera política. Desde pequeño, López Mateos acostumbraba a hacer largas excursiones a pie en compañía de sus dos primeros amigos Quirino Díaz Reynoso y Luis Macedo, a los que se les conoció como “Los Tres Mosqueteros”, por ser inseparables. Viviendo con su familia en la colonia Santa María en la capital, se cuenta que en una de sus largas caminatas por el centro, cierto día se detuvo ojeando libros en un antiguo almacén y depósito. Alguien le ofreció trabajo y el joven Adolfo aceptó. La paga era de cinco pesos a la semana, mismos que le daba a su adorada madre Elena Mateos. En la librería “Selfa” de las calles de 5 de Mayo, empezaría su contacto y afición por los libros, la cuál cultivó toda su vida.

Entre 1923 y 1925, López Mateos estudió de manera irregular en la Escuela Nacional Preparatoria. En 1926, viviendo en Toluca, continúa sus estudios de secundaria y bachillerato en el famoso Instituto Científico y Literario de Toluca, dirigido por el enérgico sobrino de José Vasconcelos, Eduardo Vasconcelos Pérez. Ahí, para costearse sus estudios, buscó que lo nombraran bibliotecario. Durante esta etapa no se distinguió como un alumno brillante. Muchas de las materias que presentó fueron salvadas mediante exámenes extraordinarios, o como se estilaba a decir entonces, a título de suficiencia. No es de extrañarse su distracción pues, el joven López Mateos, amaba demasiado la oratoria, el campismo y el amor. Pese a que durante esta época mostró poco interés por el estudio, con su energía e inteligencia se ganó el afecto de varios profesores, entre ellos el del licenciado Enrique González Aparicio (1890-1940), quién lo aceptó como pasante en su bufete y más tarde le consiguió un empleo en la Editora Popular, donde Adolfo reforzó su gusto por la lectura.

Le gustaba el box, pero su afición predilecta era la caminata. En tiempos de estudiante y aún años después, subía al Nevado de Toluca y recorría a pie, todos los sábados, a veces por falta de dinero para costear el transporte público; el trecho de México a Toluca para visitar a su madre, a su novia y para comentar con sus amigos el desarrollo político y social del estado. Sus caminatas sabatinas a ese estado le valieron el mote de “El Toluca”. Desde joven, López Mateos empezó a destacarse en actividades deportivas con las frecuentes excursiones y caminatas que organizaban un grupo de jóvenes que más adelante lo llevarían a la realización de una hazaña mayor. Teniendo dieciséis años, Adolfo se unió a un grupo de estudiantes andariegos que se hacían llamar “Los Peteretes”. Abanderados por el presidente Plutarco Elías Calles y portando como insignia en una manta la frase “México Unido alcanzará su destino”, el 20 de noviembre de 1926, los peteretes partieron a pie desde el Zócalo de la Ciudad de México hasta Guatemala, arribando ciento treinta y seis días después, a fines de enero de 1927, a la ciudad de Quetzaltenango. Tras aquella proeza, a Adolfo lo apodaron “El Guatemala”. Por esa época, el joven López Mateos había llamado la atención de sus maestros por su gran talento y preparación cultural, desempeñándose como catedrático de literatura e historia en el instituto toluqueño, donde conoció a su admirado licenciado José Vasconcelos, quien al igual que Antonio Caso, representaba las corrientes humanistas que los jóvenes de esos tiempos habían tomado como modelo a seguir.

Además de consagrase como un excelente deportista, López Mateos poseía cualidades de orador. Las incidentales aventuras que tuvo López Mateos como maestro rural en Almoloya o en las brigadas educativas de alfabetización gratuita, estaban estrechamente vinculadas con su vocación de orador. El periódico El Universal creó en 1926 los famosos concursos anuales de oratoria que eran el sueño de todo estudiante de preparatoria o jurisprudencia. Éstos convocaban a los inquietos alumnos de ese tiempo educados en el Ateneo de la Juventud y en la Universidad Nacional, entre los que sobresalían Salvador Azuela, Héctor Pérez Martínez, Rafael Heliodoro Valle, Xavier Villaurrutia, Jaime Torres Bodet y Salvador Novo. En el tercer Campeonato de Oratoria del Distrito Federal, efectuado en el salón El Generalito de la Escuela Nacional Preparatoria el día 20 de mayo de 1929, reveló su vocación el joven estudiante de preparatoria de dieciocho años, Adolfo López Mateos. En el certamen tuvo que competir con varios oradores brillantes, tales como Enrique Ramírez Ramírez y Guillermo Islas Leal. Sin embargo, después de deliberar, el jurado declaró triunfante a López Mateos, quien pronunciara durante el concurso “Venimos a juzgar ahora, señores, la obra de la Revolución, pero no debemos hacerlo con el espíritu como con la palpitación del sentimiento”. El frenesí de Adolfo llegó en junio de ese mismo año, cuando participó en otro certamen de oratoria. “Su voz era robusta, su ademán expresivo. Lanzaba sus metáforas con pleno dominio. Sabía como provocar el entusiasmo del auditorio” comentaba Alejandro Gómez Arias, el mayor experto en oratoria de la época. Aunque aparentemente por la decisión arbitraria de los jueces a López Mateos se le dio el segundo lugar, sus compañeros lo pasearon en hombros. “Estaba ya preparado, fogueado, para hacer suyas las mejores causas”.

“En el amor, como en el mar, se naufraga; seré yo como un náufrago en el inmenso mar de tu amor”, le declaraba Adolfo al oído o por carta a su novia Celestina Vargas Bervera, quién se derretía al oírlo. Setenta años después recordaba lo guapo que era, las modulaciones de su voz y aquella sonrisa perfectamente preciosa, aquella carcajada de hombre limpio que tenía. En los primeros años de su vida, Adolfo López Mateos descubrió sus aficiones de la vida: la oratoria, la caminata, los amoríos; en general, la bohemia y la bonhomía. Su don de gentes le abriría camino en la política y su carácter lo llevaría a ser presidente de la República Mexicana. En 1929, López Mateos se afilió a la campaña presidencial del licenciado José Vasconcelos, donde puso sus dotes oratorias al servicio de la causa. Como otros jóvenes de su tiempo, Adolfo leyó la novela Sasha Yegulev de Andréyev y se identificó con la tragedia que se narra sobre el joven que da su vida por transformar a su patria. López Mateos formó parte del directorio estudiantil del Comité pro Vasconcelos y fue representante del estado de México en la Convención Antirreeleccionista. Valiente y combativo, durante la campaña vasconcelista se subía a una caja de refrescos y peroraba ante los obreros: “Peligra la patria, solo Vasconcelos puede salvarla”. Cuando su amigo Germán del Campo fue asesinado por los pistoleros del PNR, López Mateos estaba a punto de experimentar el fatídico destino de Sasha Yegulev. El mismo José Vasconcelos lo reconocería años más tarde, “Desde entonces recuerdo con precisión que no se ha borrado de mi mente la cabeza vendada, la noble cabeza de un joven que en aquel momento simbolizaba la patria entera: era la cabeza de Adolfo López Mateos”. Hay quiénes aseguran que a causa de aquel fortísimo golpe que recibiera el joven futuro presidente, se le desencadenaron los frecuentes dolores de cabeza que padeció a lo largo de su vida, mismos que lo llevarían a la tumba en 1969.

Tras las elecciones del 17 de noviembre de 1929, donde resultó triunfante el ingeniero Ortiz Rubio, y después de la inmediata represión a partidarios vasconcelistas; temiendo por su vida y decepcionado por el fracaso, López Mateos partió a Guatemala, donde residió por una breve temporada. No se sabe a ciencia cierta lo que hizo en ese lugar o de qué vivió. Se afirma que trabajó como asistente para el general Jorge Ubico, presidente de Guatemala. Aparentemente, Adolfo ejerció por un tiempo el periodismo en Tapachula, Chiapas. Pasada la amarga lección que sufrió en las elecciones, López Mateos regresó a México en 1930 y se matriculó en la Escuela de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México, fundada por Daniel Cosío Villegas dentro de la Facultad de Jurisprudencia. Con una brillante tesis titulada “Delitos en contra de la economía política”, Adolfo López Mateos se recibió como abogado. Empezó pronto a litigar en asuntos agrarios y campesinos en la efímera Unión de Estudiante pro Obrero y Campesino (UEPOC), cursó varias materias como "asistente provisional" de economía y se aseguraba que se recibió de abogado; sin embargo, nadie vio jamás su tesis ni asistió a su fantasmal examen profesional.

Inicios de su vida política

Efrén Sámano, padre de su novia Eva Sámano, gozaba de influencias y contactos en la política. Fueron esos contactos que lo vincularon tiempo atrás con el gobernador del Estado de México, el general Filiberto Gómez. En 1931 fungió como secretario particular del nuevo gobernador de esa misma entidad, Carlos Riva Palacio. Para 1935 ocupó el cargo de secretario del comité regional del PNR en el Distrito Federal. El 6 de octubre de 1937 contrajo matrimonio con Eva Sámano tras doce años de noviazgo. Un año después, es designado interventor del Banco Obrero ante los Talleres Gráficos de la Nación.

En 1941, se le elige director de educación extraescolar y estética en la SEP. Desempeñando ese cargo, asiste a una comida en el Instituto Científico y Literario, donde pronuncia un magnífico discurso que impresionó hondamente a uno de sus asistentes: Isidro Fabela. Don Isidro era el hombre fuerte del estado, por ende, gozaba de influencias. Un “dedazo” de Fabela hizo que López Mateos quedara de director de dicha institución. Tras un par de años al frente del Instituto, nuevamente por influencias de Fabela, López Mateos se convierte en candidato a la senaduría federal suplente por el Estado de México. Al ser nombrado Fabela embajador de México en la Corte Internacional de la Haya, López Mateos se enfila hacia la senaduría que deja vacante don Isidro. El destino estaba escrito. En 1946, López Mateos llega a ser Senador. Durante el desempeño de dicho cargo, Adolfo asistió a conferencias y comisiones internacionales, mostró su don como orador en la reunión de la UNESCO en el año de 1947, acudió a la junta de cancilleres en los Estados Unidos y encabezó la delegación mexicana en la reunión de ECOSOC teniendo sede en Ginebra.

Presidente de México (1958 – 1964)

El presidente Adolfo López Mateos con los ex-presidentes norteamericanos Lyndon Baines Johnson y Harry S. Truman en 1959.

Fungió como coordinador de la campaña electoral de Adolfo Ruiz Cortines para la presidencia de la República; por lo que al triunfar, Ruiz Cortines le comisionó la Secretaría de Trabajo y Previsión Social. Para el 17 de noviembre de 1957, el Partido Revolucionario Institucional postuló a López Mateos como candidato a la presidencia de la República. Con 6 767 754 votos a favor, Adolfo López Mateos se convirtió en el nuevo presidente de México. La ceremonia de entrega y recepción de la banda presidencial se efectuó en el Palacio de Bellas Artes el 1 de diciembre de 1958. Durante su discurso de toma de posesión fue notoria la habilidad de orador del nuevo mandatario que pidió al pueblo mexicano que le acompañara contra las desigualdades sociales.

 

Gabinete [editar]

Artículo principal: Gabinete de Adolfo López Mateos

Gabinete lopezmateísta

CARGO

NOMBRE

PERIODO

 

Secretario de Gobernación

Gustavo Díaz Ordaz

1958–1963

Secretario de Gobernación

Luis Echeverría

1963–1964

 

Secretario de Relaciones Exteriores

Manuel Tello Barraud

1958–1964

 

Secretario de Defensa Nacional

Agustín Olachea

1958–1964

 

Secretario de Marina

Manuel Zermeño Araico

1958–1964

 

Secretario de Hacienda

Antonio Ortiz Mena

1958–1964

 

Secretario de la Presidencia

Donato Miranda Fonseca

1959–1964

 

Secretario de Obras Públicas

Javier Barros Sierra

1958–1964

 

Secretario del Patrimonio Nacional

Eduardo Bustamante

1958–1964

 

Secretario de Industria y Comercio

Raúl Salinas Lozano

1958–1964

 

Secretario de Agricultura y Ganadería

Julián Rodríguez Adame

1958–1964

 

Secretaría de Recursos Hidráulicos

Alfredo del Mazo Vélez

1958–1964

 

Secretario de Comunicaciones y Transportes

Walter Cross Buchanan

1958–1964

 

Secretario Educación Pública

Jaime Torres Bodet

1958–1964

 

Secretario de Salubridad y Asistencia

José Álvarez Amézquita

1958–1964

 

Secretario del Trabajo y Previsión Social

Salomón González Blanco

1958–1964

 

Procurador General de la República

Fernando López Arias

1958–1962

Procurador General de la República

Óscar Treviño Ríos

1962–1964

 

Departamento del Distrito Federal

Ernesto P. Uruchurtu

1958–1964


Política interna

Política gubernamental

El movimiento ferrocarrilero

En febrero de 1959 continuaban las rebeliones y movilizaciones de los ferrocarrileros y el gobierno procedió a encarcelar a los dirigentes. Éstos, en marzo, efectuaron una huelga en el sistema ferroviario del país que se extendió a los Ferrocarriles del Pacífico y Mexicano. A finales de ese mes, los líderes fueron aprehendidos y despidieron a gran número de ferrocarrileros.

La represión

En abril de 1959, con el argumento de que se había alterado la paz pública, líderes obreros, estudiantiles, magisteriales y ferrocarrileros fueron recluidos en la penitenciaría de Lecumberri. Entre los delitos que se les adjudicaron estaba el de “disolución social”. El Movimiento Revolucionario del Magisterio (MRM) y el movimiento ferrocarrilero habían sido liquidados mediante represiones de parte del Estado. Lo mismo sucedió con el antiguo líder agrario Rubén Jaramillo y su familia, quienes fueron asesinados en 1961 por que Jaramillo atacaba a la política gubernamental.

Política social

Se creó el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), que sustituyó a la Dirección General de Pensiones, para proporcionar atención médica, pensiones, jubilaciones y otros servicios a la burocracia.

Rompió relaciones diplomáticas con Guatemala debido al ataque aéreo de esta nación a México.

Política económica

El país tenía problemas económicos; entre ellos el déficit en la balanza comercial, es decir, las compras en el exterior superaban a las ventas. En 1960 se nacionalizó la industria eléctrica. Así, la generación de electricidad, hasta entonces controlada por empresas extranjeras, pasó a manos del gobierno. Además, se decretó el derecho del trabajador sobre una parte de las ganancias. También se estableció que los trabajadores recibieran un aguinaldo a finales de cada año. Éste se recibiría con base en los días trabajados.Durante su mandato la economía estuvo en auge gracias al secretario de hacienda Antonio Ortiz Mena.

Política educativa

Se inauguraron el Museo Nacional de Antropología, en Chapultepec; del Virreinato en el Convento de Tepotzotlán, el de la ciudad de México, el de Arte Moderno y el de Ciencias Naturales. En 1959 se creó la Comisión Nacional de los Libros de Texto Gratuitos (CONALITEG), encargada de publicar los libros de texto para los alumnos de educación primaria del país.

Obras Públicas

Entre las obras públicas realizadas se construyó el Centro Hospitalario 20 de Noviembre del ISSSTE y Unidades Habitacionales como el Conjunto Urbano Nonoalco Tlatelolco o la Unidad Independencia en la delegación Magdalena Contreras. También se modernizaron aeropuertos, redes telefónicas, telegráficas y de comunicaciones. El Ferrocarril Chihuahua-Pacífico conectó el norte del país con la costa del Pacífico.

Política externa

El carismático mandatario visitó al mundo y trajo el mundo a México. Recorrió Estados Unidos, Canadá, Alemania, Francia, Indonesia, Filipinas, Japón, India, entre un sinfín de países. Además promovió al país ante el Comité Olímpico Internacional para que en la capital de la República tuvieran sede las XIX Olimpiadas, próximas a efectuarse en el año de 1968.

Vida social y familiar

Nadie ha sido tan universalmente estimado como el ex presidente López Mateos. Al general Lázaro Cárdenas lo quería el pueblo campesino y el obrero, pero no las clases medias. Sin embargo, a López Mateos terminó por quererlo casi todo el mundo. Su sexenio no había sido tan blanco como el de Cárdenas ni tan honesto como el de Adolfo Ruiz Cortines, pero fuera de los gremios sindicales y campesinos que había golpeado, el pueblo tenía poco que reprocharle. Su palabra, su sonrisa, su naturalidad, su temple bohemio, sentimental, igualitario, su calidad humana, la buena administración de su gabinete hacendado, los logros diplomáticos, el lugar de México en el mundo, le daban el campeonato presidencial. En cierta ocasión, pese a que estaba enfermo, a López Mateos se le ocurrió deambular por la Alameda: un bolero lo reconoció, otros le solicitaron autógrafos y, a las puertas del famoso restaurante Sanborns, no pudo entrar por que lo seguía una verdadera manifestación. Ésta era una muestra del afecto que el pueblo tenía hacía el popular ex mandatario.

Con su primera esposa, Eva Sámano, López Mateos procreó una hija llamada Eva Leonor (1942). En los últimos años de su sexenio, López Mateos conoció a la joven y guapa educadora Angelina Gutiérrez Sadurní. Quedó tan enamorado de ella que tomó la decisión de pedirle el divorcio a Eva, la cual no se lo concedió, y casarse por la Iglesia con Angelina. Se fueron a vivir a una casa bien puesta situada por el rumbo de San Jerónimo. De esta nueva unión nacieron dos hijos: Adolfo y Elena. El primero falleció en un accidente de tránsito. Elena vive al lado se su madre en San Diego, California.

Muerte

Tiempo después de haber dejado la presidencia, López Mateos fue invitado por el presidente Gustavo Díaz Ordaz para presidir el Comité Organizador de los XIX Juegos Olímpicos en la ciudad de México. Renunció al cargo ya que en 1965 le sobrevino un ataque cerebral. Sus médicos de cabecera habían atribuido los intensos dolores a un caso agudo de migraña, pero esta vez los neurólogos Patricio Beltrán Goñi y Gregorio González Mariscal corrigieron el diagnóstico: se trataba de un aneurisma cerebral.

Pidieron la presencia de su maestro, el doctor William Poppen de Boston, quien operó a López Mateos en el hospital Santa Fe de la Ciudad de México el 26 de noviembre de 1965. Personas de las más diversas clases acudieron a las calles cercanas al hospital para informarse sobre la salud del popular ex presidente. La operación fue exitosa, el pronóstico terrible: López Mateos no padecía uno sino siete aneurismas. Su agonía sería lenta y dolorosa.

La inmovilización de su cuerpo avanzó con rapidez. Pronto perdió el habla a causa de una traqueotomía y llegó a ser necesario el uso de aparatos ortopédicos. Durante dos años vivió en estado vegetativo. Murió a las 4:30 de la tarde del lunes 22 de septiembre de 1969 en la Ciudad de México, sumido en el silencio y el dolor. Fue enterrado en el Panteón Jardín de la Ciudad de México. Años después, el presidente Carlos Salinas de Gortari mandó a exhumar sus restos para depostitarlos en un monumento erigido en su honor en Atizapán de Zaragoza, Estado de México.

Por karl
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